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28 de mayo de 2008

Loro o camaleón.

Dicen que los perros se parecen mucho a sus amos, pero que sucede cuando son los seres humanos los que se asemejan a los animales. No me refiero a que llamen a alguien "cara de mono" sino a aquellas personas con cualidades que se asemejan a los instintos básicos de criaturas. En este caso hablare de sólo dos: el camaleón y el loro.

Un camaleón es un reptil, su característica principal es la virtud de cambiar de color según el entorno, su condición fisiológica, la temperatura o cierta hora del día. Cuando uno se refiere a una persona camaleónica se le puede otorgar dos rasgos: falso o adaptable. Si cambias con malas intenciones, eres falso; si sólo sabes modificarte en el espacio y tiempo justo, eres adaptable. Si eres un actor que sabe desempeñar cualquier rol que le propongan, eres camaleónico.

Los loros, por otra parte, son animales de gran capacidad craneal. Su característica típica es poder emular todo aquello que observan de los seres humanos, es decir, palabras y frases enteras; sin embargo, no lo logran comprender. Normalmente un loro, refiriéndose a una persona, es alguien que habla sin parar. Al mismo tiempo, puede ser alguien que imita todo aquello que ha observado de otros individuos.

Si piensas un poco todas estas metáforas y semejanzas te das cuenta que quizás si vivimos en una jungla de concreto.